Hace unos días me dio por recordar un comercial que vi en la televisión. En ese comercial se ve a una chica en medio del desierto, gritando a las paredes de un cañón. La cámara se desplaza alrededor de la chica dejando ver la soledad de ésta en medio del paisaje. La chica grita su mensaje, un reclamo, una reivindicación a favor de su grupo social, y el comercial termina cuando ella es enfocada en un primerísimo primer plano mirando hacia nosotros, los espectadores. Obviamente, lo que propone el comercial es que la chica nos está interpelando, si no entendemos eso, entonces ella está clamando en el desierto. Luego, de lo que se trata es de que nos sintamos atañidos. Al sentirnos atañidos, sensibilizados por la situación de la chica somos, también, compelidos a tomar acción a favor de ella; si no hay acción, la comunicación ha fracasado. He pensado en esto al leer un artículo de Chúo Torrealba quien expone en un artículo titulado “¿Protesta en los barrios? ¡Claro que sí!” que en el 2013 se produjeron en los barrios 4.410 protestas “en medio de la más absoluta indiferencia de otros sectores de la población”. Agrega Torrealba que en la mayoría de los casos estas protestas suelen ser saludadas por opositores al chavismo con frases tales como: “¡Sigan votando rojo! ¿Quién los manda, pues?” o “¿Porque no se van a protestar para Miraflores?”. Torrealba completa diciendo que esa gente es acosada también por los colectivos. Presumo también que por sus pares en los barrios, chavistas duros quienes ven en cualquier disconformidad una señal de traición al proceso. Me puedo imaginar entonces el consabido “si no te gusta por qué no te vas (con los escuálidos)” o algo por el estilo. Demasiadas veces lo vimos en Aló Presidente, o en la misma campaña de Maduro ---¿recuerdan a aquel tipo en el Poliedro a quien la multitud mandó a callar y a abandonar el recinto porque había expresado su desacuerdo con algo de lo que Maduro estaba diciendo?
Me asombra y me entristece la soledad de estos protestantes, la forma como claman en el desierto de la polarizada política venezolana. Ellos están secuestrados, son prisioneros del maniqueísmo, son reos de la supuesta superioridad moral del chavismo o de la inmediatez y presumida perversidad golpista y fascista de “La Salida”. Cuándo Capriles o López o María Corina Machado hablan de “nuestro pueblo”, ¿los incluyen a ellos? ¿Habitan ellos la patria del chavismo? Esa gente nos ha estado mirando a la cara desde hace mucho. Ya es hora de que tomemos acción y nos sintamos atañidos genuinamente por sus reclamos, los cuales hablan tan elocuentemente, como los nuestros, acerca del fracaso del proceso chavista. No se trata de que los echemos en falta, es decir, que constituyan una suerte de miembro fantasma del descontento en Venezuela. Hay que gente, como yo, que se preguntó en algún momento por qué el oeste de Caracas no se pronuncia, el Sur de Valencia. El artículo de Jesús Chúo Torrealba me abrió los ojos: ¡claro que se pronuncian! ¿Qué se debe hacer para sumarlos a la causa a favor de una Venezuela plenamente inclusiva? Ciertamente, me parece, que no debemos persuadirlos, con nuestras razones, para que se salgan del proceso. Para que se abandonen las filas del chavismo, no podemos esgrimir las razones por las cuales nosotros no somos parte de él. Antes por el contrario, hay que mirar las cosas desde otra perspectiva, la de ellos, y darle en la madre al cacareo chavista acerca de la democracia participativa y protagónica, del gobierno de calle, del manido “Venezuela ahora es de todos”. Porque si la gente de los barrios protesta, toda esta paja es mentira. Porque Venezuela, ahora más que nunca, es de unos pocos enquistados en el poder que se niegan a escuchar, y no paran de repetir su discurso lleno de mentiras una, y otra y otra vez.
lunes, 17 de marzo de 2014
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