martes, 14 de abril de 2015

La voz del pobre o de los diez millones de firmas (que no recogieron).


Me asombra la candidez (o el cinismo) de los simpatizantes del chavismo que afirman que una de las principales virtudes del chavismo ha sido el darle voz a los pobres; una modulación de esta idea es la que dice que los pobres son, ahora, visibles.  ¿En cuántos foros hemos escuchados a intelectuales de izquierda alabar al regimen chavista precisamente esto?  Más aún, incluso los opositores al regimen convienen en que durante los cuarenta años de la democracia venezolana los partidos actuaron con desprecio absoluto hacia esta clase, con lo cual se parece apuntalar la primera idea.  Mi asombro viene dado, pues, por el hecho de que unos y otros suelen olvidar un pequeñísimo detalle: los pobres en Venezuela tienen voz sólo para hacer coro, para repetir los contenidos que desde el poder se les dictan, para asentir, consentir, jamás para disentir.

Esos “pobres” que opinan diferente han sido manipulados, defienden intereses espurios o, simplemente, vienen ya envenenados.



También estos pobres críticos han sido tildados de traidores, infiltrados, una manga de ingratos, miserables, que dan puñaladas traperas,
















Para nadie es un secreto que el chavismo encaja muy mal las críticas.  Su impulso natural es siempre descalificar al que muestra su disconformidad, mucho más si es un “pobre” el que critica.




¿Entonces, en qué quedamos: los pobres tienen voz o no, son visibles o no?  Parece que el don de la voz (o la visibilidad) le ha sido concedida al “pobre” con la sola condición de convertirse en “patriota cooperante” o pedigüeño de oficio, masa arreada una y otra vez para favorecer los oscuros intereses del poder.  Porque eso es lo que se me ocurre que puede explicar la comedia de los diez millones de firmas.  ¿Por qué podría interesarle al “pobre” que siete funcionarios del gonierno no puedan entrar a los EUA y vean congelados sus bienes? ¿Por qué el pobre se presta a la pantomima del simulacro de evacuación? De antemano se sabía que el decreto de Obama no iba a ser derogado, que EUA no iba a bombardear Caracas.  Se sabía que lo de la amenaza inusual era pura retórica, un mero formalismo legislativo.  ¿Entonces por qué aceptar sin renegar ese pote de humo, hacerse eco de algo tan burdo, distraerse en un espectáculo tan mal montado? Tan sólo puedo imaginarme a los mismos sancionados, especialmente a aquellos que pertenecen a las fuerzas armadas, presionando al gobierno para que se les apoye públicamente, se les respalde en sus acciones que, a fin de cuentas, fueron en “defensa” de la revolución.  Luego, queda claro que los “pobres” en Venezuela son los peones del tablero, una suerte de activo que el gobierno moviliza a su antojo.  Y los pobres se movilizan, obsecuentes, gritando, eso sí, las consignas que les dictan desde el poder porque ellos no pueden decir lo que sienten, no, ¡jamás!. ¿Entonces, cuál voz, cuál visivilidad? El “pobre” es el actor de reparto de este sainete, mejor aún, el figurante, el extra: es ese el alcance y la función de su visibilidad, de su voz. 

jueves, 26 de febrero de 2015

La fe animal de los chavistas






Mal hacemos en seguir haciendo de los chavistas el gran elector, el árbitro supremo de todo cuanto acontece en la vida política venezolana.  Como si fuese posible complacerlos, hacer que renuncien a su animadversión, a su pugnacidad. Y es que ese pueblo chavista no le interesa pensar, tan solo siente. A ellos  no les interesa evaluar la gestión de un gobierno con arreglo a aquello que es atributo esencial de lo que se considera un buen gobierno. 

¿La corrupción? No, ellos no piensan en ella.  A fin de cuentas, adecos y copeyanos también robaron.  Todo el mundo roba, engaña, estafa, prevarica, moja la mano, se aprovecha.  En último caso, todos somos vivos.  Nadie quiere ser la victima en la frase “todos los días sale un pendejo a la calle y quien lo agarre es de él…”  Al chavista lo que le interesan es que le den, o que lo pongan donde haiga. 

¿La inseguridad?  Hemos vivido con ella desde que el mundo es mundo.  Acá lo que me espeluca es pensar que a esta gente la dé igual 11 homicidios por 100.000 habitantes que 86 por cada 100.000.  Esta gente se ha acostumbrado a lo peor, pero qué le vamos a hacer eso no es culpa del gobierno.  Me espeluca, insisto, pensar que la violencia sea endémica para ellos, y haya que vivir con ella como quien vive con zancudos patas blancas y jejenes.

¿La transparencia? ¿Y eso con qué se come?  Que el gobierno se niegue sistemáticamente a rendir cuentas de su gestión; que nadie diga ni pio del swiss-leaks, que no sepamos cosa alguna de esas cuentas “espejo” en el HSBC de Suiza, que los fundionarios responsables de la colocación de esas divisas no se hayan dado por enterados y no ofrezcan explicaciones de ningún tipo a los cuidadanos;  que Giordani no revele quiénes son esos que se robaron miles de millones de dólares a través de CADIVI; que no tengamos noticia alguna de esas empresas de maletín, o que no se revelen los nombres de las empresas objeto de “investigación” por fraude a CADIVI; que primero nos digan que los viajeros han raspado la olla de las reservas internacionales, y que luego se contradigan diciendo que ellos solo representan el 3% de las divisas que se aprueban a través de CADIVI; que no sepamos cuánto es la producción real de PDVSA, o cuánto es lo que nos deben las islas del Caribe, especialmente Cuba; que no sepamos a ciencia cierta cuánto producen las empresas expropiadas por el Estado, y por qué escacean los productos que éstas fabrican ---cabillas, cemento, aceite de cocina, café, papel toilet, leche, y un laaargo etcetera.  Los chavistas no piden explicaciones, solo siguen instrucciones.

Me fastidia que los chavistas no cuestionen que no haya seguridad acerca de la fecha de muerte de Hugo Chávez; que no sepamos el móvil de la muerte del diputado Serra.  No, nada de eso interesa a esta gente. Ellos se conforman con las migajas de información que les dan, las cuales, por cierto, están diseñadas para convertirse en arma arrojadiza en contra de quien quiera saber más.  Los chavistas no cuestionan la verdad, ni la mentira. Ellos repiten hasta el hartazgo y con no poco cinismo lo que la cúpula del poder les dicta.  A Serra lo mató el paramilitarismo colombiano sirviédose de un sicario a quien apodaban El Colombia.  Caramba, hermano, esa hipótesis es tan ostensiva y chapucera que parece obra de Maxwell Smart, el super agente 86. Nada más falta el “Good thinkng, Max” del Agente 99.  ¿Y lo del golpe de Estado y los tucanos? ¿Lo de la desesabilización y el golpismo orquestado por los Estados Unidos…? ¿Lo de que quieren apoderarse del petróleo venezolano? Carah, mi pana, ahí si que te pasaste. No insultes nuestra inteligencia. ¿Sabías que la guerra fría acabó ya hace más de veinte años, que Estados Unidos exporta más petróleo del que importa, que la importación del petróleo venezolano es en este momento prácticamente marginal?  Estados Unidos importa casi todo su petróleo de Canadá, luego viene Arabia Saudita, México y después viene Venezuela. Más aún, si en el Congreso de los Estados Unidos se aprueba la construcción de la Keystone pipeline XL, el óleoducto que va desde Canadá a Louisiana, ahí sí que se jodió la bicicleta porque entonces ya no habría necesidad del petróleo venezolano. Así pues, Estados Unidos está más cerca de prescindir del crudo venezolano que de depender de él.  En ese sentido, no se debe olvidar que Shell y Texaco ---esas maléficas compañías que fueron soberanamente echadas de la faja del Orinoco---  están extrayendo petróleo de esquisto en Dakota del Norte, Montana y Colorado, en virtud de lo cual los precios del crudo se han venido al piso.  Finalmente, quiero llamar la atención acerca de las nuevas regulaciones que está imponiendo el gobierno de los Estados Unidos a los fabricantes de carros para que hagan motores más eficientes en el consumo de gasolina; se calcula que eso reducirá el consumo de crudo en unos 6.3 billones de barriles de crudo durante el periodo de vida útil de los carros fabricados entre 2012 y 2024. Total, que el petróleo de Venezuela como que no es muy apetecido en los Estados Unidos.  Entonces, malamente se puede decir que los Estados Unidos quiere apoderarse de él, cuando en realidad es lo contrario: para el 2024 muy probablemente nos habremos caído de la lista de exportadores de crudo a los Estados Unidos. Sin embargo, eso no es óbice para que los chavistas cacareen la misma historia una, y otra, y otra vez: el imperialismo yanqui quiere apoderarse por la mala de las reservas de crudo de Venezuela, cloc, cloc, cloc.  Ni que fuéramos cogidos a lazo.

En fin, que lo que más me arrecha de los chavistas es esa fe animal que los anima. Esa creencia instintiva y casi irracional en el fulano socialismo del Siglo XXI, la revolución bonita y toda esa paja.  Me fastidia ese operar de chavismo por fuera de lo conciente y lo racional; me irrita que sean capaces de generar un discurso, un conjunto de creencias que son radicalmente incapaces de ser probadas; me exaspera esa credulidad primitiva ---de allí que repitan y repitan cosas sin cuestionar su veracidad.  Me enerva, en suma, que el chavismo haya devenido en una suerte de credo inevitable del cual nadie puede escapar, y que orienta a esa gente sin que medien
demostraciones o razonamientos, sin asegurarles nada, como si ese dogma fuese necesario para preservarse de la locura y garantizar la vida.  Es allí a donde llegamos cuando la política queda reducida a catalizacion y gestión de emociones, cuando tenemos militantes emocionales en lugar de cuidadanos.  Qué vaina, chico…

lunes, 15 de diciembre de 2014

Aquí todos parecen malandros



Plaza Sucre en Cagua, 7:00 a.m. Es Martes.  Resignadamente me dispongo a hacer la cola para renovar mi cédula de identidad. Me aflige la idea de perder toda la mañana haciendo ese trámite. Me fastidia, también, la gente que está en lo cola, quejándose de que aún no han abierto las oficinas de identificación, de que el personal ya llegó, pero está tomándose un cafecito, de porqué lo hace esperar tanto a uno, si hay tanto qué hacer… Exhalo un “como si no supieran dónde están…”  Mi atención se divide entre el teléfono celular (twitter, instagram, facebook y afines) y la observación de la gente a mi alrededor: una actividade como de hormigas que van colocando cada cosa en su sitio dentro de esa casa viejísima que sirve de sede no tan sólo a Identificación, sino también a un vario pinto grupo de organizaciones sociales afectas al chavismo.  De momento, el celular está ganando la partida: la señora que limpia el piso con aserrín impregado en querosén, el viejito que saca la basura de las oficinas de los colectivos sociales o la gente ataviada de rojo, rojito que conversa en voz baja no son competencia para el facebook.  Un rato después, una señora tras de mí me saca de mi ostracismo.  Capturo apenas una porcion de lo que conversa con otra señora a su lado.  Como gruñendo, ha repetido varias veces: Si aquí todos parecen malandros… Mosqueado, levanto la vista y miro a mi alrededor.  Me doy cuenta de que la señora tal vez tenga razón. Digo tal vez, porque al momento de aprobar con una media sonrisa lo que la señora ha dicho, advierto, tambien, que eso que estoy pensando no es políticamente correcto, que es reprensible, seguro.  Pero más allá de toda consideración racial o de clase, ¿a qué se refiere la doña? Siento la necesidad de justificar mi aprobación de la señora.  Miro y miro en busca de un asidero que me permita racionalizar la cuestión.  Entonces, del marasmo de lecturas que hice para escribir mi tesis doctoral, surge un autor en particular, Akhil Gupta, y su idea de “blurred boundaries” entre el Estado y la Sociedad civil en la India. 

The local level encounters with the state described in this [article] help us discern another significant point.  Officials like S., who may very well constitute a majority of states employees occupying positions at the bottom of the bureaucratic pyramid, posit an interesting challenge to Western notions of the boundaries between “sate” and “civil society” in some obvious ways.  The Western historical experience has been built on states that out people in locations distinct for their homes ---in offices, cantonments, and courts--- to mark their “rationalized” activity as office holders in a bureaucrat apparatus. People such as S.  collapse this distinction not only between their role as public servants and as private citizens at their site of activity, but also in their style of operation.  (“Blurred boundaries” por Akhil Gupta)

Lo que quiere demostrar Gupta, entre otras cosas, es que en India el aparato burocrático se ha trasladado de espacios neutros, públicos, a espacios privados, domésticos.  Hay un solapamiento entre Estado y la Sociedad Civil.  Ahora bien, en lo que toca al estilo de operación, Gupta señala una desprofesionalización de la práctica burocrática; influda por el espacio doméstico en el que se desarrolla, la función pública se hace personal. Así, el funcionario concede favores, en lugar de servir al ciudadano.  De allí que se imponga una lógica de reciprocidad que manda que “hoy por ti y mañana por mí”; una lógica también en la que las dádivas, y los sobornos son moneda de uso corriente.  Lo que le molesta al ciudadano, entonces, es no saber cómo es la movida, la corrupción en sí no es un asunto problemático.

Reparo entonces en el hecho de que lo que le molesta a esta doña es que haya esa conchupancia entre “sociedad civil” y gobierno; que no haya separación alguna entre los militantes y los burócratas, entre los que nos prometen a grito pelado que “no volverán” y los que deben servir a todos los venezolanos por igual.  Pero hay algo más… 
He traido todo esto a cuento, luego de que en uno de los rurnrunes de Nelson Bocaranda  se citaba a un militante chavista que, exasperado, desde la tribuna de Aporrea, explicaba por qué “no volverán”.  Pasaba entonces a mencionar las decenas de estructuras chavistas que operan en casi todos los municipios del país, basadas exclusivamente en recursos fiscales.  Programas, misiones, y afines en los que se apuntala la acción gubernamental y que garantizan que el chavismo nunca será minoría.  Bocaranda señalaba que en esas intancias es que se han ido “los millones de dólares generados por el más grande y sostenido boom petrolero que haya tenido Venezuela en toda su historia”. En estas estructuras, pues, está el germen de la corrupción y el clientelismo.  Esas estructuras son opacas e inauditables, como el gobierno.  He allí la gran tragedia de Venezuela: el gobierno de calle, la democracia protagónica y participativa, el socialismo del Siglo XXI es una vasta morada de bandidos.  Aquí todos parecen malandros porque quienes están llamados a fiscalizar, roban también; quienes se han arrogado la responsabilidad de redistribuir la riqueza, lo que hacen es sustraerla.  La sociedad civil malandra es una con el gobierno. Por eso es que siguen y seguirán ganando los chavistas porque si cada voto es una piedra para lapidar a los corruptos, a los vende patria, todo el que sostiene una se la guarda, se hace el loco, mira para otro lado, mientras silba una tonada cualquiera; no vaya a ser que le peguen una pedrada en el ojo.

lunes, 17 de marzo de 2014

La soledad del protestante de los barrios

Hace unos días me dio por recordar un comercial que vi en la televisión. En ese comercial se ve a una chica en medio del desierto, gritando a las paredes de un cañón. La cámara se desplaza alrededor de la chica dejando ver la soledad de ésta en medio del paisaje. La chica grita su mensaje, un reclamo, una reivindicación a favor de su grupo social, y el comercial termina cuando ella es enfocada en un primerísimo primer plano mirando hacia nosotros, los espectadores. Obviamente, lo que propone el comercial es que la chica nos está interpelando, si no entendemos eso, entonces ella está clamando en el desierto. Luego, de lo que se trata es de que nos sintamos atañidos. Al sentirnos atañidos, sensibilizados por la situación de la chica somos, también, compelidos a tomar acción a favor de ella; si no hay acción, la comunicación ha fracasado. He pensado en esto al leer un artículo de Chúo Torrealba quien expone en un artículo titulado “¿Protesta en los barrios? ¡Claro que sí!” que en el 2013 se produjeron en los barrios 4.410 protestas “en medio de la más absoluta indiferencia de otros sectores de la población”. Agrega Torrealba que en la mayoría de los casos estas protestas suelen ser saludadas por opositores al chavismo con frases tales como: “¡Sigan votando rojo! ¿Quién los manda, pues?” o “¿Porque no se van a protestar para Miraflores?”. Torrealba completa diciendo que esa gente es acosada también por los colectivos. Presumo también que por sus pares en los barrios, chavistas duros quienes ven en cualquier disconformidad una señal de traición al proceso. Me puedo imaginar entonces el consabido “si no te gusta por qué no te vas (con los escuálidos)” o algo por el estilo. Demasiadas veces lo vimos en Aló Presidente, o en la misma campaña de Maduro ---¿recuerdan a aquel tipo en el Poliedro a quien la multitud mandó a callar y a abandonar el recinto porque había expresado su desacuerdo con algo de lo que Maduro estaba diciendo?

Me asombra y me entristece la soledad de estos protestantes, la forma como claman en el desierto de la polarizada política venezolana. Ellos están secuestrados, son prisioneros del maniqueísmo, son reos de la supuesta superioridad moral del chavismo o de la inmediatez y presumida perversidad golpista y fascista de “La Salida”. Cuándo Capriles o López o María Corina Machado hablan de “nuestro pueblo”, ¿los incluyen a ellos? ¿Habitan ellos la patria del chavismo? Esa gente nos ha estado mirando a la cara desde hace mucho. Ya es hora de que tomemos acción y nos sintamos atañidos genuinamente por sus reclamos, los cuales hablan tan elocuentemente, como los nuestros, acerca del fracaso del proceso chavista. No se trata de que los echemos en falta, es decir, que constituyan una suerte de miembro fantasma del descontento en Venezuela. Hay que gente, como yo, que se preguntó en algún momento por qué el oeste de Caracas no se pronuncia, el Sur de Valencia. El artículo de Jesús Chúo Torrealba me abrió los ojos: ¡claro que se pronuncian! ¿Qué se debe hacer para sumarlos a la causa a favor de una Venezuela plenamente inclusiva? Ciertamente, me parece, que no debemos persuadirlos, con nuestras razones, para que se salgan del proceso. Para que se abandonen las filas del chavismo, no podemos esgrimir las razones por las cuales nosotros no somos parte de él. Antes por el contrario, hay que mirar las cosas desde otra perspectiva, la de ellos, y darle en la madre al cacareo chavista acerca de la democracia participativa y protagónica, del gobierno de calle, del manido “Venezuela ahora es de todos”. Porque si la gente de los barrios protesta, toda esta paja es mentira.  Porque Venezuela, ahora más que nunca, es de unos pocos enquistados en el poder que se niegan a escuchar, y no paran de repetir su discurso lleno de mentiras una, y otra y otra vez.